Vacunas al día
El esquema de vacunas que no se pierde.
El carné de papel se moja, se queda en casa el día de la cita o se pierde en una mudanza — y con él se pierde la respuesta a la pregunta que más se repite en una clínica pediátrica: «¿qué vacuna le toca?». En Orbela, el esquema de cada niño vive en su expediente, se calcula por su edad y responde esa pregunta antes de que alguien la haga.
Un carné que se calcula solo
Orbela trae el esquema nacional de Guatemala y las vacunas privadas que su consultorio ofrece. Con la fecha de nacimiento del niño, cada dosis sabe cuándo le toca: el carné del expediente muestra de un vistazo qué está aplicado, qué se acerca y qué ya se atrasó — mientras usted atiende, sin buscar en ningún papel. Cada dosis aplicada queda registrada con su lote, y si una familia decide no aplicar alguna, esa decisión también queda anotada con su motivo, no en el aire.
El refuerzo que avisa solo
El refuerzo de los 18 meses no depende de que la mamá guarde el carné ni de que la secretaria repase fichas. Cada semana, Orbela revisa los esquemas de la clínica y, cuando un niño tiene dosis atrasadas, la familia recibe un WhatsApp con lo pendiente — y coordina la cita respondiendo en el mismo chat. La vacuna que antes se perdía por olvido, regresa sola al consultorio.
El esquema atrasado también tiene camino
Cuando llega un niño con el esquema incompleto, ponerlo al día es aritmética delicada: intervalos mínimos entre dosis, edades mínimas, series que nunca se reinician. Orbela hace esa cuenta y le propone las fechas de las dosis faltantes; usted confirma o ajusta, y el plan de recuperación queda en el carné del niño, con sus propias fechas y sus propios recordatorios. El cálculo es determinístico — no una IA opinando — y la última palabra es siempre suya.
El refrigerador también cuenta
Las vacunas de su clínica se manejan por lote, con vencimiento y existencias. Al aplicar una dosis, Orbela sugiere el lote que vence primero, para que ninguna se pierda en el refrigerador. Y cuando una familia pregunta por WhatsApp «¿tienen la hexavalente?, ¿cuánto cuesta?», el asistente responde con el precio y la disponibilidad reales de su inventario — nunca promete una dosis que no está.
La familia lo lleva en el teléfono
El carné digital del niño vive también en la app de padres, sin instalar nada: la familia ve qué está al día y qué se acerca, en un lenguaje amable que invita a pedir cita — la app nunca alarma con criterio clínico. Y si una dosis se aplicó en otro lado, en una jornada o en otro país, el tutor la registra desde su teléfono y usted la verifica antes de que cuente en el esquema. El carné deja de ser un papel que viaja entre la casa y la clínica: es el mismo registro, visto por los dos.
Un carné de papel se pierde. Un esquema que vive en el expediente y avisa por WhatsApp, no.
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