El asistente de WhatsApp
Alguien que contesta el WhatsApp de su clínica — sin dejar de ser su clínica.
Son las 9 de la noche y una mamá escribe: «¿tienen espacio mañana?». Nadie de su equipo está en el consultorio. En la mayoría de clínicas, ese mensaje espera hasta el día siguiente — o se pierde. Con Orbela, el asistente le responde, le ofrece los espacios reales de su agenda y la mamá se va a dormir con la cita agendada. Usted amanece con la agenda actualizada.
Una cita agendada conversando, no llenando formularios
El asistente no manda enlaces ni menús con numeritos: conversa. La mamá escribe «¿puede ser el viernes?» y el asistente consulta la disponibilidad real de ese día — su horario, el espacio entre citas que usted configuró, los feriados y los días que usted marcó como no laborados. Ofrece, la familia elige, y un «ok» basta para que la cita quede creada en la agenda de verdad, con su código y su confirmación. Reagendar o cancelar funciona igual: en la misma conversación, sin llamadas.
Si el número es nuevo, el asistente averigua quién es
Cuando escribe un número que la clínica no tiene registrado, el asistente pregunta lo mínimo: el nombre del niño y, si hay un expediente que coincide, la fecha de nacimiento para confirmar la identidad — esa verificación ocurre dentro del sistema, sin exponer los datos del expediente en el chat. Si el niño es paciente, el número queda vinculado a su familia; si es nuevo y usted lo permite, queda registrado con sus datos mínimos, listo para agendar. Y si el tutor tiene varios hijos, el asistente pregunta por cuál escribe en vez de adivinar.
La preconsulta: el motivo llega resumido, antes que el paciente
«Viera que el nene amaneció con calentura.» Cuando el mensaje es sobre la salud del niño, el asistente hace unas pocas preguntas básicas — qué tiene, desde cuándo, cuánta fiebre, qué le han dado — y deja un resumen ordenado que usted ve antes de abrir la conversación. Si el niño tuvo consulta hace pocos días, el asistente lo sabe y pregunta por la evolución en vez de empezar de cero. Lo que el asistente no hace, nunca: diagnosticar ni sugerir tratamientos. Si la familia pregunta qué darle, la respuesta la da usted.
Las preguntas de siempre, con las respuestas de su clínica
«¿Dónde están ubicados?», «¿hay parqueo?», «¿aceptan tarjeta?», «¿qué llevo a la primera consulta?». Esas respuestas las escribe su clínica una sola vez, y el asistente las envía tal cual — no las inventa ni las improvisa. Si un papá pregunta si ya salieron los exámenes del niño, el asistente revisa el estado real de los resultados y le contesta si están listos o pendientes. Y si la pregunta no está en la lista, no se arriesga: avisa que una persona del equipo responderá.
El límite: lo clínico siempre pasa a una persona
Si un mensaje trae señales de alarma — dificultad para respirar, convulsión, fiebre muy alta —, el asistente no conversa: avisa de inmediato a su equipo y, en horario de atención, le da a la familia el teléfono para llamar ya. Las dudas médicas quedan siempre en manos del médico; el asistente recoge y ordena, no opina. Cuando una conversación se alarga sin resolverse, deja de insistir y la pasa a una persona. Y su equipo puede intervenir en cualquier momento: al escribir usted en el chat, la conversación es suya.
Sus conversaciones personales no se tocan: los números que usted excluya son invisibles para el asistente, y cada parte — el agendamiento, la preconsulta, el registro de familias nuevas — se activa por separado, cuando su clínica esté lista.
El asistente conversa, agenda y prepara. Las decisiones clínicas siguen siendo suyas.
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